El Democrático

Abierto en 1944, el Democrático se ha convertido en uno de los símbolos identitarios de todos los iquiqueños.

Iquique es un lugar de contrastes. Ha tenido innumerables jornadas trágicas, pero también otras mucho más felices que han llevado a sus habitantes a desarrollar un importante orgullo local y a patentar lemas como “Tierra de campeones” o “Iquique glorioso”. Pues bien, uno de los espacios con más “gloria” de la ciudad es el clásico bar El Democrático, ubicado en Obispo Labbé #466, a pasos de la céntrica Plaza Condell.

El bar, que en sus inicios funcionó como quinta de recreo, abrió sus puertas en 1944, cuando el ciudadano portugués Atalino Gonçalves compró la casona donde con anterioridad funcionaba el Banco Social, de propiedad alemana y que era encargado de pagarles a los obreros salitreros. De inmediato se convirtió en un punto de reunión que convocaba cada noche a trabajadores portuarios y mineros, pero también a profesionales y dirigentes políticos. Fue precisamente esta diversidad la que le dio el nombre que ostenta hasta hoy.

Desde esos años, el “Demo”, como es conocido con cariño por sus parroquianos, ha tenido tiempos de vacas gordas y otros de vacas flacas, aunque ha logrado perdurar, en parte, gracias a su fiel clientela y, sobre todo, por el esfuerzo y dedicación de Néstor Muñoz Pool, quien todavía hoy regenta el establecimiento. Don Néstor adquirió los derechos de doña Inés Vélez Pacheco, viuda de Gonçalves y quien prometió a su esposo en su lecho de muerte continuar con la tradición del bar. Doña Inés también dejó este mundo en febrero de 2015, día en que el bar estuvo cerrado por luto en honor a una de sus fundadoras.

La clientela ahora es mucho más joven y las tradicionales maltas con huevo y las cañas de vino han sido reemplazadas por el popular terremoto y los schop de medio litro. Sin embargo, aún hay espacio para los viejos, para las cartas y el dominó, porque después de todo el ‘Demo’ sigue igual y todavía es para todos los iquiqueños

Más allá de todos estos cambios, El Democrático continúa como siempre y la diversidad se mantiene. Prueba de ello son las tocatas de los más diferentes estilos que allí se producen casi cada semana. Y si algunos días es el rock el que campea a sus anchas —no por nada los metaleros han convertido al local en un punto de encuentro en Iquique—, otras veces el tiempo parece irse varias décadas atrás y es el folclore el que toma el protagonismo.

Raúl Iriarte, “Pericote” para los amigos, ha oficiado como cantinero del lugar por varias décadas, tiempo en el que ha sido testigo de las más diversas historias y ha visto pasar cientos de caras por entre las mesas del bar. Muchos de ellos ya no están, como el querido Carlos Segura, amigo de la casa por más de 50 años, o Raúl Contreras, el “Comandante Peluca”, maestro serígrafo y constructor del muñeco de Judas para la tradicional quema de Semana Santa. Contreras fue todo un personaje de Iquique y, en especial, de El Democrático, donde se le podía encontrar cada tarde con una piscola y un paquete de galletas.

La clientela ahora es mucho más joven y las tradicionales maltas con huevo y las cañas de vino han sido reemplazadas por el popular terremoto y los schop de medio litro. Sin embargo, aún hay espacio para los viejos, para las cartas y el dominó, porque después de todo el “Demo” sigue igual y todavía es para todos los iquiqueños. 

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